Picotón, el tucán del enorme pico [CUENTO]

Este cuento lo escribí por varios motivos: respeto y cuidado por la naturaleza, lo molestos que resultan lo motes o etiquetas y el valor de la amistad. Son temas a veces recurrentes en mis cuentos, quizás porque son tan importantes que no se puede concienciar sobre ellos solo con una historia.

Cuento «Picotón, el tucán del enorme pico», de Miss Eli.

Picotón era un tucán y, aunque todos sabemos que los tucanes tienen unos buenos picos, el de Picotón era enorme, descomunal. Tanto era así, que comenzaron a llamarlo Picotón desde muy pequeñito y ya nadie se acordaba de su nombre real. Su mejor amigo, el pajarito Paquito, tenía un piquito fino y delicado, el pico que cualquier pájaro que se precie le gustaría tener. Paquito, pese a tener un pico bellísimo, nunca lo ofendía, sino que como hacen los buenos amigos, lo animaba y apoyaba siempre.

Picotón ―Paquito lo llamaba así porque no le conocía otro nombre, nunca con ánimo de ofender―, tienes un pico brillante, fuerte y precioso. A mi me gustaría tener uno como el tuyo.

El pajarito Paquito siempre sabía alegrarle el día, sin importar lo mala que le hubiese resultado la jornada a nuestro tucán ni los comentarios horrorosos que otros pájaros le hubiesen hecho antes.

Gracias Paquito ―respondía Picotón con una enorme sonrisa (es la ventaja de tener un pico gigante, que las sonrisas son grandísimas también)― ¡tú sí que eres un amigo!

Un día, cuando los pájaros revoloteaban y disfrutaban de la selva amazónica, ya que nuestros amigos vivían en este inmenso bosque, comenzaron a percibir y oler un humo que les hizo pensar que algo no iba bien. Se elevaron un poco por encima de los árboles y pudieron ver, a lo lejos, un fuego enorme que avanzaba rápidamente. Primero, todos los pájaros se quedaron paralizados, sintiendo una gran pena al ver los hogares de muchos de sus compañeros arder y perderse para siempre. Una vez superada la impresión, se dieron cuenta de que tenían que huir de allí si no querían perecer entre las llamas.

Paquito, que era algo nerviosillo, intentó revolotear tan rápido que, sin darse cuenta, pasó entre unas ramas, se enganchó en una de ellas y se rasgó parte de una de las alas. Cayó en picado. Por suerte, el suelo del bosque estaba cubierto de hojas secas y amortiguó un poco el golpe. Intentó alzar el vuelo nuevamente, pero no pudo. Revoloteaba con una de las alas, se elevaba unos centímetros y volvía a descender a gran velocidad.

¡Vuela, huye de aquí! ―le gritó Paquito a Picotón, que se había quedado inmovilizado, mirándolo, sin saber qué hacer.

¡Ni lo sueñes! ¿Cómo te voy a dejar aquí para que ardas en el bosque? ―respondió su amigo de forma rotunda.

¡No puedo volar! ¿Cómo me vas a ayudar? ¡Huye, de lo contrario, arderás conmigo y seremos dos!

Picotón lo miró pensativo, de repente, una fabulosa idea le pasó por la cabeza. Con determinación voló hacia su amigo y acercó a él su enorme pico.

Súbete aquí, mi pico es fuerte y yo soy mucho más grande que tú, te sacaré de aquí.

Paquito observó el pico que su amigo le ofrecía, pensó unos instantes, pero al sentir el calor que provenía del fuego cada vez más cercano, se arrastró un poco y se situó justo encima, seguro de la resistencia y fortaleza de su amigo.

¡Gracias Picotón! ¡Nunca ha existido un amigo mejor!

¡Claro que sí, tú! ―le aclaró Picotón, que siempre había disfrutado de la compañía y del apoyo del pajarito.

Picotón comenzó a elevarse, con su amigo tendido a lo largo de su gigantesco pico. Detrás dejaron el fuego, que cada vez se aproximaba más. Volaron hasta un lugar seguro, una vez allí, Picotón dejó a su amigo en una cama de hojas frescas y esponjosas, haciendo que Paquito se sintiese como en las nubes. Unas ardillas ágiles y ligeras los vieron y ayudaron a colocar unas ramitas alrededor del ala de Paquito, para que sanara bien y en unos días pudiese volar. A su alrededor, los animales del bosque sanos socorrían a aquellos que habían sufrido algún percance, volviendo poco a poco todo a la calma. El fuego, al llegar al amplio río, dejó de avanzar, quedando nuestros amigos a salvo.

Desde entonces, ya nadie llama Picotón a nuestro tucán, sino Picampeón y nuestro tucán, ha dejado de sentirse avergonzado por su gran pico para sentirse orgulloso de tener uno enorme, fuerte y resistente que le ayuda a salvar a sus amigos.

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