Amar o querer, esa es la cuestión

Febrero, mes de los corazones. Por eso hemos decidido dedicar esta entrada a reflexionar sobre este estado. Para ello, vamos a rendir homenaje a Antoine de Saint-Exupéry usando fragmentos de la maravillosa conversación entre el protagonista de la obra El Principito y su amiga la rosa. A propósito, si aún no la conoces, te la recomendamos como lectura familiar porque no tiene desperdicio.

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Permitir nuestras emociones: ¡Todas!

Permitir nuestras emociones

“¡Ya está bien de estar enfadada!”, “Se acabó el llorar, ¡deja de estar triste!”, “¡no quiero tener miedo!, no soy un cobardica”, “no quiero estar preocupado, ¡no puedo descansar!”, “sufro cuando siento que la envidio,¡es mi amiga y la quiero!, “todo esto me duele demasiado,¡no quiero sentirlo!”.

¿Reconocemos algunos de estos imperativos? Seguro que sí. Y si no estos, otros muy semejates. Mensajes que reclaman que desaparezca una emoción en el mismísimo instante en que se lo ordenamos. ¿Alguna posibilidad de éxito en esta empresa? Dudoso. Y, además, no deberíamos empeñarnos en ello, ya que, como vamos a ver a continuación, el ser capaces de tolerar nuestros estados emocionales nos va a traer una información muy valiosa.

Veamos estas situaciones:

Dos hermanos están exultantes de alegría. Es el día de su cumpleaños y papá y mamá les han regalado una merienda y una tarde en las tirolinas con todas sus amistades.

Un padre rebosa amor. Al fin tiene en sus brazos a su hija recién nacida.

Un chico no para de gritar y de dar saltos. Él y su equipo acaban de ganar el campeonato nacional.

Una mujer se siente en paz meditando en la naturaleza.

¿Nos imaginamos exigiendo a los hermanos cumpleañeros que no estén tan alegres o al padre recomendándole no sentir tanto amor? ¿Concebimos al chico ganador diciéndose a sí mismo “mejor aparto de mí esa sensación de orgullo y reconocimento de esfuerzo y logros personales” o a la mujer que medita pensando “no puedo soportar tanta sensación de bienestar, ¡sal de mí ahora mismo!”. Nos parecería algo cercano al absurdo, ¿verdad?

Lo que queremos mostrar con estos ejemplos es que hay emociones que nos resultan placenteras y queremos que permanezcan, y otras que no nos gusta sentir y de las que tendemos a huir y a desear que pasen rápido. Esas últimas, ya las estemos sintiendo nosotros (as) o quienes nos rodean, a menudo nos crean incomodidad y molestia y no sabemos qué hacer con ellas. Pasemos a ver algunas.

El dolor

¿Hemos asumido ya que es inevitable? Es inseparable de la felicidad, como simbolizan los budistas con la flor del loto que nace del lodo: imposibles la una sin el otro. Forma parte de la vida, del desarrollo y del crecimiento. Cuando nos resistimos a él, nos oponemos a su presencia y queremos que desaparezca sin habernos dado cuenta del cambio, del aprendizaje y de la evolución que nos trae su vivencia, provocamos que surja nuestro sufrimiento.

La vergüenza

Si la ignoro, me impido contactar con aquello que me está pasando y que me hace enrojecer. Cuando un(a) niño(a) o una persona adulta sienten vergüenza, es posible que debajo del sonrojo haya miedo a la no aceptación. Es posible que exista una vocecita interna – malintencionada e insana – que me dice que no soy lo suficientemente adecuada(o), que no soy digno(a) de recibir amor y por eso quiero huir cuando alguien me dice que me quiere. Puede que me recuerde lo poca cosa que me siento y el concepto tan destructivo que tengo de mí… ¿Te atreves a explorar qué te trae a ti tu vergüenza la próxima vez que la sientas?

El miedo

Muy a menudo le tenemos miedo al miedo y nos negamos a sentirlo. Lo vivimos de manera desadaptativa, pasándonos al polo de la temeridad, la falta de cuidados y la puesta en peligro de nuestra propia supervivencia. Pensemos por ejemplo, en el/la adolescente que acepta saltar desde el balcón de un hotel o tomar drogas para no tener que escuchar a su grupo social gritarle“¡gallina!”. Existe un miedo que es muy útil. Y sentirlo, reconocerlo y permitirlo nos activa y nos protege. Por ejemplo, hay actrices consagradas que después de más de media vida en los escenarios, afirman seguir poniéndose nerviosas antes de salir a escena. Eso las ayuda a estar preparadas, a dar lo mejor de sí, a lo que vulgarmente conocemos como “no dormirnos en los laureles”.

La tristeza

Un niño(a) que muestra inquietud, que lo quiere todo y después nada le vale, que con nada se conforma, que siempre muestra insatisfacción… es una persona triste. En la infancia, la tristeza se muestra de forma diferente a como lo hace en la etapa adulta. Las que acabamos de nombrar, son solo algunas de las manifestaciones propias de la tristeza infantil. Es posible que los(as) más pequeños(as) no sepan identificar su emoción ni qué es lo que verdaderamente necesitan para superarla, así que nos toca a las personas adultas agudizar nuestros sentidos, tratar de “leer entre líneas” y explorar qué les falta y qué hay debajo de esa inatención, exceso de movimiento, dificultades para relajarse, quejas y exigencias infantiles. Qué cambio de óptica para según qué trastornos tan frecuentes últimante, ¿verdad? Y, por supuesto, nos toca a nosotros(as) conocer y sanar nuestro propio mundo emocional para poder ayudar en el cremiento de quienes están a nuestro cargo.

La rabia

Hay personas para quienes esta emoción es su estado natural. Están cómodas en sus corazas de cuerpos tensos y duros y en esta energía de alerta permanente. Debajo de estos escudos defensivos, solemos encontrar personas frágiles, que se sienten insignificantes y muy vulnerables y con mucha resistencia a sentir su propio dolor. Las personas que las rodean se convierten en potenciales enemigos de los que hay que protegerse y ven peligros allá donde miren. La hostilidad, la irritabilidad, el enfado, los ayuda a mantener esta alerta que creen que necesitan para sobrevivir. Esa vivencia trae desconfianza, conflictos, problemas de estómago, contracturas y alejamiento de las personas y de las relaciones. La vivencia positiva y el sostén de nuestro enfado nos trae todo lo que ya hemos comentado en entradas anteriores.

Como vemos, todas nuestras emociones nos aportan una información valiosa sobre cómo estamos o qué nos está pasando en cada instante. El modo en que las vivamos, las aceptemos, las gestionemos y cuáles sean nuestros comportamientos con respecto a ellas, nos va a permitir vivirlas de una manera que nos haga enfermar física o emocionalmente o de una forma que nos encamine hacia la salud y hacia una vivencia positiva y de contacto con nuestro interior y con nuestras necesidades presentes en cada momento. ¿Por qué no pruebas a dejarlas estar – a todas – y a escucharlas? Es solo una propuesta…

Bienvenido, enfado

Niña enfadada

Reflexionábamos en la entrada del mes pasado sobre la relación entre nuestras carencias, la satisfacción de nuestras necesidades, la frustración y el enfado. Vamos a centrarnos hoy en esta última. El enfado es una energía muy intensa, que va de dentro hacia fuera y que moviliza todo el organismo. Seguir leyendo

Editorial GEU retira temporalmente Mis lecturas favoritas 2.2

Editorial GEU anuncia que, de forma inmediata, ha iniciado el proceso de corrección y actualización de los títulos que incluyan contenido sexista o estereotipado de algún tipo o que puedan ofender o dañar la sensibilidad de sus usuarios.

Dicha corrección incluye la eliminación de cualquier contenido sexista, estereotipos que supongan discriminación entre mujeres y hombres y roles que perpetúen las desigualdades entre ellos.

Editorial GEU lamenta no haber actualizado los contenidos de los títulos, adaptándolos a un lenguaje más inclusivo y contemporáneo. Por ello, además de nuestro compromiso expreso de corregir y actualizar dicho material, el cuaderno Mis lecturas favoritas 2.2 (ISBN: 9788484919728) se ha retirado de inmediato de nuestros canales de venta directa: www.editorialgeu.com y Amazon, para impedir su venta al público.

Tal como se expresa en la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, es responsabilidad de «las Administraciones educativas, en el ámbito de sus respectivas competencias», realizar acciones por la Igualdad, «con especial consideración a ello en los libros de texto y materiales educativos». Por ello es también nuestra responsabilidad, como editorial educativa y parte directa y activa del sistema educativo, crear contenidos en consonancia con la sociedad actual, siempre en pro de la Igualdad en todos sus ámbitos.

Editorial GEU se compromete, además, a revisar sus materiales ya publicados y a prestar atención a los nuevos títulos que se publiquen, para que todos ellos vayan en consonancia con nuestra ética y políticas de Igualdad, con perspectiva de género.

Esta actualización de contenidos en pro de la coeducación, lejos de ser excepcional, es una práctica habitual en los últimos años. Las editoriales educativas, como parte importante de la educación en el país, debemos actualizarnos e ir en consonancia con la sociedad.

¿Qué se entiende por COEDUCACIÓN?

Tal como definen, con muy buen criterio, en Realkiddys.com: “La coeducación es un método de intervención educativo que parte del principio de la igualdad entre sexos y la no discriminación por razón de sexo. Coeducar es educar a niños y niñas de la misma manera, y no hacerlo de modo diferente según su sexo. Por ejemplo, no pensar que las niñas por ser niñas son más sensibles o más tranquilas, y los niños más movidos y fríos por el simple hecho de ser niños”. Puedes ver la entrada completa en el siguiente enlace: Coeducar en la vuelta al cole.

Por ello, Editorial GEU se compromete a velar por la coeducación en todos sus materiales. En todos los que se publiquen y en la corrección y actualización de todos los que ya hayan sido publicados.

Bienvenidos, obstáculos

“La noche que había de alcanzar la iluminación, el Buda se sentó bajo un árbol y, estando allí sentado, fue atacado por las fuerzas de mara. La historia dice que le dispararon espadas y flechas y que dichas armas se convirtieron en flores.

¿Qué significa esta historia? A mi entender, lo que quiere decir es que lo que normalmente consideramos obstáculos no son verdaderamente nuestros enemigos, sino nuestros amigos. Lo que llamamos obstáculos son en realidad la forma que tiene el mundo y toda nuestra experiencia de enseñarnos dónde estamos atascados. Podemos experimentar como flor lo que parece ser una espada o una flecha”.

Cuando todo se derrumba, de Pema Chödrön

¿Qué nos provoca un obstáculo en nuestro camino? ¿Por qué a veces tiene tanto poder y nos convierte la vida en un auténtico maremoto? La respuesta es que desencadena nuestra frustración. Y, ¿qué es esto, exactamente? Seguir leyendo

Dueño de tu vida

Toma las riendas de tu vida

Existe una antigua leyenda oriental titulada La mariposa azul que dice más o menos así:

Había una vez dos hermanas deseosas de aprender que nunca se cansaban de hacer preguntas a su padre. El pobre hombre, incapaz de dar respuestas, decidió enviarlas a vivir un tiempo con un sabio del lugar: “Él disfrutará de compañía y ellas podrán aprender de sus conocimientos”, pensó.

Así pues, las dos jóvenes se trasladaron junto al anciano, el cual contestaba a todas y cada una de las inquietudes que le planteaban las curiosas aprendices. Una noche, amabas hermanas idearon una pequeña trampa en la oscuridad de su habitación.

– Le haremos una pregunta tan tan tan difícil, que ni siquiera él será capaz de acertar la respuesta.

– ¿Y cómo haremos eso? –preguntó la otra hermana.

– Tú déjamelo a mí.

Muy temprano, la joven salió al bosque y regresó con una hermosa mariposa azul atrapada entre sus manos.

– Le pediremos que adivine si está viva o muerta. Si dice que está viva, apretaré, la mataré y entonces habrá fallado. Y si dice que está muerta, abriré la mano y la dejaré escapar volando. Así jamás acertará y nosotras podremos decir que somos más listas que él.

Convencidas, las dos pícaras hermanas fueron en busca del sabio.

– ¿Cómo está la mariposa? ¿Viva o muerta? – preguntó la joven mostrando la mano cerrada.

El hombre, sonriendo y tranquilo, no dudó un instante en contestar.

– Depende de ti. Está en tus manos.

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