Noemí no quiere ir al colegio [cuento]

Hoy quiero compartir con todos vosotros y vosotras este cuento. Está basado en la experiencia real de una pequeña. Su madre me contó acerca de lo que su hija había pasado, y yo inventé esta historia para ella y para aquellos niños y niñas que puedan estar pasando por una situación similar. Espero que os guste.

Cuento “Noemí no quiere ir al colegio“, de Miss Eli

Noemí no quería ir al colegio. Cada mañana, en la entrada de la clase, lloraba y se aferraba a mamá con todas sus fuerzas. La madre no entendía porqué su hija, con siete años ya, lloriqueaba como una pequeña de dos o tres en sus primeros días de cole.

– Cariño, yo vuelvo pronto a por ti. Aquí vas a pasarlo muy bien con tus amigas y la profe. Además, vas a aprender mucho y después me lo vas a enseñar a mi, que a lo mejor yo no lo sé -Trataba de convencerla mamá-.

Como podía, su madre se desprendía de esos brazos que se aferraban a ella como si de un cangrejito se tratase y se marchaba con la pena de dejar atrás a su pequeña en aquellas circunstancias.

La profesora le había contado que, a veces, en el patio del recreo, Noemí se quedaba sola y continuaba llorando, sin querer jugar con nadie. Otras, la encontraba con su amiga Cristina, la única chica con la que solía relacionarse en sus períodos de libres. Incluso en esos momentos, parecía estar algo triste y reprimida. La niña era tímida, pero mamá comenzaba a preocuparse realmente. Lo que nadie sabía era que Cristina, la que aparentaba ser su amiga, una chica grandota y con mal genio, no se portaba tan bien con Noemí como debería:

– ¡Cómo juegues con otros niños, te vas a enterar! Y como se lo digas a la profe o a tu mamá también me voy a enfadar y no te va a gustar -la amenazaba Cristina- Dame tu bocata, que está más bueno que el mío. ¡Ah! Y el dinero que te ha dado tu madre para chuches.

Noemí le tenía miedo, tanto, que ni se le ocurría jugar con otros niños ni hablar de ello con nadie. Cada día se hacía más complicada su entrada al cole y cada vez se distraía más en clase. Durante las explicaciones, los miedos y preocupaciones impedían a la niña estar concentrada en la materia. La profesora la sorprendía con la mirada perdida, le preguntaba y ella no respondía. Algunos niños comenzaban a decir:

– Noemí no lo sabe, ¿dónde estabas Noemí?

Y la niña bajaba la cabecita y la enterraba entre sus brazos, deseando desaparecer de ese lugar, aunque nunca ocurría.

Su mamá decidió llevarla a una doctora muy especial que descubre secretos que hacen daño a los niños y les ayuda a ser felices. Al principio, Noemí mostró cierto recelo, pero esa señora era simpática y hablaba con ella de temas sencillos. Le pidió que hiciese varios dibujos. Comenzó pintando a su mamá, que era lo que más quería en el mundo y a otros componentes de su familia. En una de sus ilustraciones, se veía una niña muy pequeñita junto a otra muy grandota, con la boca en círculo, parecía que gritaba. La doctora le preguntó:

– ¿Quiénes son estas niñas?

– Somos Cristina y yo en el recreo- respondió Noemí, a la vez que bajaba la cabeza.

– ¿Y qué le pasa? ¿Está enfadada? ¿Contigo?

– Es que a veces no me porto bien y no hago lo que Cristina quiere. -Respondía Noemí avergonzada, pensando que tal vez estaba hablando más de lo que debería.

– ¿Te portas mal? ¿Qué haces para portarte mal? -La doctora le preguntaba con tanta naturalidad y un tono de voz tan dulce que Noemí comenzaba a sentirse cómoda conversando con ella.

– A veces, juego con otros niños, pero no mucho, y ella se enfada porque ya no soy su única amiga. Pero no le digas nada a nadie, porque se molestará conmigo y me voy a enterar.

– ¿De qué te vas a enterar? ¿Te va a contar algo que no sabes?

– No, me pegará.

Al decir esto, Noemí se tapó la boca, presintiendo que había contado algo que la iba a meter en problemas reales. La señora continuó con esa voz suave y le dijo:

– No te preocupes, yo estoy aquí para ayudarte. Nadie te va a hacer daño.

La mamá de Noemí volvió a por ella y Noemí sentía que se había liberado de un peso muy grande, que esa señora era bondadosa y amable y que le iba a ayudar, aunque también tenía sus dudas. El miedo que sentía por Cristina era demasiado grande.

Noemí no entendía qué había pasado, pero la profesora la había sentado en clase cerca de ella y lejos de esa chica que la intimidaba. Empezaba a sentirse algo mejor en clase. En el recreo, mantenía ocupada a Cristina y la apartaba de ella. Ya estaba llegando el final de curso y Noemí se sentía mucho mejor. Se concentraba en la materia, pero había perdido tantos meses que era imposible avanzar al mismo nivel. La maestra le recomendó a su mamá que Noemí repitiese curso, porque además, era de las más pequeñas del grupo. Mamá no estaba muy convencida, pero al curso siguiente, Noemí volvía a estar de nuevo en segundo.

Al entrar al aula, todos los niños eran más pequeños que ella, algunos sólo dos o tres meses, así que tampoco era tanta la diferencia. Durante las lecciones, la profesora hacía preguntas y la niña levantaba la mano, mostraba interés por aprender, ya que no todo le sonaba extraño ni raro, conocía muchas de las respuestas y eso hacía que se sintiese mucho mejor con ella misma. Ya no era la niña que no sabía nada, ahora podía participar con más ilusión y entusiasmo. A la hora del recreo, Cristina no compartía el patio con ella, así que comenzó a jugar y a relacionarse con otros niños y niñas.

Cada día era más feliz y, en la puerta del colegio, se despedía de mamá con un beso y un hasta luego. Mamá sonreía y observaba cómo su pequeña, que un año antes lloraba y sufría a la entrada, ahora se separaba de ella con la seguridad que le daba el estar a gusto en su centro escolar.

Así que chicos, si hay alguien que os molesta en clase, tenéis que hablar con vuestros padres, maestros o esas doctoras especiales que siempre os escuchan y comprenden. Ser niño es la mejor experiencia de la vida y hay que crecer feliz, disfrutando de los juegos y de la alegría de aprender sobre este mundo nuestro.

Espero que os haya gustado el cuento. ¡Hasta la próxima!

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