¡No lo abandones! [CUENTO]

Con este cuento, teniendo en cuenta las fechas en las que estamos, pretendo concienciar a los más pequeños sobre la responsabilidad de tener una mascota. Un animal no puede ser un capricho momentáneo, hay que comprometerse y cuidarlo.

Manchitas llegó a casa de Nani cuando solo tenía dos meses. Era un perrito juguetón, divertido y algo nerviosillo. Los papás de la niña se lo habían regalado por su cumpleaños; siempre le compraban todo lo que pedía y no se habían parado a pensar ni por un momento en la responsabilidad que supone tener y cuidar de un animal. Era una pequeña malcriada, caprichosa y chillona, así que, por no escucharla, siempre conseguía lo que deseaba tras su consiguiente rabieta.

Al principio todo eran mimos, caricias, juegos… Manchitas se sentía feliz en su nueva familia. Fueron pasando los meses y la niña comenzó a cansarse de su nuevo juguete, como siempre le pasaba. Un día, Manchitas se acercó a ella, alegre y saltarín, pero la niña lo empujó y le dijo:

¡Vete de aquí!, pesado, ¿no ves que estoy jugando con mi nueva muñeca? ¡Me la vas a ensuciar!

Manchitas agachó la cabeza, se alejó un poco y se tendió, observándola desde la distancia, sin comprender qué estaba pasando. Cada vez recibía menos cariño y estorbaba más en casa.

Los papás de Nani comenzaban a cansarse del perrito también. Ya no era tan mono como lo era de cachorro, y veían que la niña no mostraba ningún interés por él. Además, había llegado el mes de julio y se iban todos de vacaciones. Papá había buscado una residencia para animales, pero eran bastante costosas y para ello, tendrían que disfrutar de unos días menos de vacaciones. Mamá decidió hablar con la pequeña:

¿Qué pasa con Manchitas? ¿Ya no te gusta?

¡Es un fastidio! ¡No me deja jugar con mi nueva muñeca y su mansión fabulosa, me va a romper mis maravillosos juguetes! ¡Ya no lo quiero, llévatelo! —gritó la niña, mandona y exigente.

Sus padres hablaron sobre el problema y decidieron que iban a llevar al perro a un centro de animales abandonados, dirían que se lo encontraron en la calle y que les daba pena, que lo habían acogido para salvarlo pero que ellos no lo podían cuidar y lo dejarían allí. De camino a la perrera, papá comenzó a pensar:

¿Y si notan que el perro es nuestro? ¿Y si descubren que intento engañarlos? ¿Y si….?

Por lo que pensó que la mejor solución era abandonarlo. Paró el coche cerca de una playa y le lanzó un palito al perro, que enseguida corrió a por él. Manchitas traía contento, en su boca, su nuevo juguete. Esta vez, el palo voló aún más lejos. Papá aprovechó, se montó en el coche, arrancó y pisó el acelerador al máximo.

Manchitas se quedó perplejo, soltó su varita y corrió tras el coche. Casi lo cogió, pero el coche alcazaba cada vez mayor velocidad y él se encontraba más agotado. ¡Resultaba imposible! Se quedó allí, sin su familia, sin su palito…¡ABANDONADO!

Pasó varios días en la playa, creyendo que volverían a por él. Tenía hambre, sed, necesidad de cariño… Se acercaba a los contenedores a por restos de comida. Cada día estaba más sucio y delgado, por lo que la gente tampoco lo quería muy cerca.

Al atardecer, vio a un niño menudo sentado en la arena. Refrescaba un poco y deseaba sentir el calor humano que tanto le gustaba. Se aproximó despacio y se tendió, mirando al chico con necesidad de afecto. Pedrín estaba triste, era su primera semana de vacaciones y no iba a ver a su amigo Luis muy a menudo. Al igual que nuestro perro, necesitaba un compañero.

Manchitas cogió una piedrecita y se la puso al niño a los pies. Después lo miró pidiéndole que se la lanzase. Pedrín no estaba muy animado, pero la carita de ese animal le decía que lo hiciese, que jugase con él. El niño le lanzó la piedra y el perrito corrió a por ella, volvió y se la puso nuevamente junto a él. Así pasaron el resto de la tarde. Estaba anocheciendo, Pedrín decidió volver a su casa, que no quedaba lejos de allí. Manchitas lo seguía, no quería quedarse solo de nuevo, ya se había dado cuenta de que no volverían a recogerlo y deseaba una nueva familia.

¿Estás perdido, perrito? ¿Tienes hambre? ¡Ven, te llevaré a casa y te daré algo de carne y leche!

Cuando llegó a casa, Pedrín explicó a sus padres lo que había ocurrido. Ese pobre perrito estaba abandonado y hambriento, tenían que cuidarlo. Los papás pensaron que su hijo, que se había ido triste a la playa, había vuelto feliz con su nuevo amigo, así que decidieron darle un baño y alimentarlo. Le explicaron a Pedrín que antes de nada, tendrían que llevarlo al veterinario, pera ver si tenía un microchip que indicase su anterior familia. Tal vez se habría perdido. ¿Quién iba a abandonar a un ser tan cariñoso?

Al día siguiente, el veterinario se puso en contacto con la familia, ya que en el microchip estaban los datos del antiguo propietario. El papá de Nani, que había olvidado este detalle, avergonzado, dijo:

El perrito se nos escapó. Mi hija lloró mucho al principio, ahora se encuentra bien y sería mejor que no volviese a pasar por otra emoción fuerte, como ya no lo echa de menos, si hay otra familia interesada en él, que se lo queden.

Pedrín, que escuchaba toda la conversación, comenzó a sonreír y a asentir al veterinario. Les dijo el nombre del perrito y prometió visitar a la nueva familia por si necesitaban algo. El veterinario le dijo a los padres de Pedrín que mucha gente abandonaba a sus perritos en las vacaciones y decían que se les había escapado, que Manchitas había tenido suerte de encontrar a una familia tan buena que lo quería y acogía como uno más.

Pedrín abrazó a Manchitas, lo miró a esos ojitos redondos, alegres y brillantes y le dijo:

¡YO NUNCA TE ABANDONARÉ!

Por eso chicos y chicas, ahora que llega el verano, no permitáis que vuestras queridas mascotas sean abandonadas, ellas os quieren y adoran. ¡Sed tan fieles como ellos!

4 comentarios en “¡No lo abandones! [CUENTO]

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