Autor: Carmen María León Lopa

Carmen María León Lopa
Psicóloga con formación en Gestalt, educadora emocional y sexóloga. Autora y escritora. Es colaboradora de Editorial GEU y autora de las colecciones Estimulación de las funciones cognitivas, Dislexia e Inteligencia Emocional, publicadas por Editorial GEU.

Año nuevo, vida nueva

Probablemente nos cansaremos de oír y de repetir esta afirmación en estas fechas del calendario. Es probable que la hayamos pronunciado en numerosos eneros de nuestras vidas. Y es más que posible que lleguemos al siguiente 31 de diciembre con cierta frustración y pensando con amargura y desaliento que tampoco lo hemos logrado este año… Seguir leyendo

“Queridos Reyes Magos”

Decía una estrofa de un villancico que yo solía cantar en el colegio:

“Queridos Reyes Magos soy un chico español

que os escribe desde el patio del colegio.

Este año os quiero pedir un ordenador personal,

a ser posible como el de papá.

También os quiero pedir un vídeo juego en color.

No os olvidéis de nada.

Lo quiero todo.

Lo quiero todo para poder ser feliz”

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Las gafas con las que percibimos el mundo

¿Por qué algunas personas ven el mundo de color de rosa mientras que otras lo hacen en tonalidades de grises (aún sin padecer una lesión cerebral que lo justifique)? ¿Por qué hay quienes disfrutan de un día de lluvia y lo acogen como una maravillosa oportunidad para llevar a cabo planes en casa con los amigos, mientras que para otros es una tragedia que les impide hacer la colada de la semana? Seguir leyendo

Otro punto de vista [CUENTO SUFÍ]

Dibujo: Jesús Sorroche Cuerva

Un hombre vio a un pastor subido en una escalera. Llevaba una cabra en brazos y le daba de comer de las tiernas ramas de un árbol. Cada poco tiempo y cuando el alimento se agotaba, se bajaba de la escalera y buscaba una nueva posición para que su animal pudiera seguir tomando jugosas hojas verdes.
– ¿Qué haces ahí subido a la escalera? – le preguntó el caminante.
– ¿No lo ves? – contestó el pastor -. Doy de comer a la cabra.
– ¿Y cómo se te ocurre hacer eso? – volvió a preguntar de nuevo -. ¿No ves que así vas a tardar muchísimo tiempo?
– ¿Y qué prisa tiene la cabra?”

(Cuento tradicional de Oriente)

Vivimos en el mundo del reloj convertidos en el Conejo Blanco de Alicia en El País de las Maravillas. Siempre deprisa, siempre corriendo y siempre con la sensación atragantada de que llegamos tarde a todos sitios. Ese exceso de actividad lo transmitimos a todos aquellos que nos rodean: a los viandantes con los que nos cruzamos por la calle, a nuestros compañeros de trabajo, a nuestra pareja y amigos… y a nuestros hijos. Cada vez son más frecuentes los casos de niños que son presa de un ritmo frenético de actividad que los lleva de cabeza al paddle, al fútbol, al baile o a las clases particulares de algún instrumento o de algún idioma. No descansan, el tiempo libre para jugar o practicar alguna afición como leer, dibujar o hablar con los amigos escasea, se muestran irritables e irascibles, nerviosos e incluso duermen mal por las noches…

Quizá no es necesario forzar tanto, sobre todo si tenemos en cuenta que nosotros, los adultos, nos quejamos continuamente de esa falta de tiempo para, simplemente, no hacer nada. ¿Y si nos plateamos tener menos ocupaciones y disfrutarlas plenamente y, como dice el cuento, dar de comer a la cabra sin prisa alguna? ¿Y si nos esforzamos en reservar un pequeño espacio –tanto para nosotros como para ellos– para reposar, contemplar, disfrutar de una observación consciente de nosotros y del mundo?

Te animamos a empezar probando un paseo por el campo con tus hijos, disfrutando de todo lo que la naturaleza tiene que ofrecernos.

El no hacer

“Mi vida y mis circunstancias no son más que el reflejo de mi estado interior. Lo que está dentro está fuera y lo que está fuera está dentro”. ¿A qué se refiere esta afirmación? ¿Quiere decir que el caos, el desequilibrio, la locura que nos empuja de un lado a otro corriendo sin ni siquiera saber adónde vamos, no es más que la imagen del estado de nuestro yo interno? Seguir leyendo

La asunción del error y la auto-exigencia

“Yo no me he equivocado. Habrás sido tú”. “Yo no lo he entendido mal. Será que tú no has sabido explicarte”. “Yo no he sido, has sido tú”. Asumir nuestros errores no es algo que estemos dispuestos a hacer alegremente. Es más, en la mayoría de los casos, solemos resistirnos a hacerlo buscando mil y una excusas y justificaciones, y cuando vemos que no nos queda más remedio, apretamos los dientes y decimos con voz destemplada: “Pues si tú lo dices… ¡me habré equivocado!”. Seguramente algún lector estará pensando ahora mismo: “Yo no tengo ningún problema en aceptar mis errores”. Nos alegramos. Siempre y cuando esa afirmación proceda directamente desde su propia esencia y no sea una falacia construida en algún rincón del ego. Seguir leyendo

¡Abrazo fuerte!

“Por favor, dame un abrazo”. Pocas personas habrá tan necesitadas de afecto y amor en ese momento, como alguien que se acerca a nosotros solicitando esta muestra de cariño. Porque un abrazo no es solamente el contacto de una mayor o menor superficie corporal o una serie de beneficios (últimamente muy estudiados) en nuestro sistema inmunológico. Es algo más amplio y con más implicaciones. Seguir leyendo

Cómo conseguir estados positivos a través del perdón

“Eres un niño malo. ¡Pide perdón ahora mismo!”. Con qué frecuencia decimos o escuchamos esto, ¿verdad? ¿Cuál es la respuesta del niño ante esta exhortación? Agachar la cabeza avergonzado, con el rostro rojo de ira, acercarse a la persona supuestamente ofendida y musitar con la boca pequeña un “lo siento” apenas audible. La respuesta del otro puede ser muy variada: quitar importancia, mostrar lo resentido que está, aprovechar para recriminar también al niño (que no a su conducta) y un largo etcétera de respuestas más o menos asertivas o agresivas y más o menos eficaces. Seguir leyendo