Año nuevo, vida nueva

Probablemente nos cansaremos de oír y de repetir esta afirmación en estas fechas del calendario. Es probable que la hayamos pronunciado en numerosos eneros de nuestras vidas. Y es más que posible que lleguemos al siguiente 31 de diciembre con cierta frustración y pensando con amargura y desaliento que tampoco lo hemos logrado este año… Seguir leyendo

“Queridos Reyes Magos”

Decía una estrofa de un villancico que yo solía cantar en el colegio:

“Queridos Reyes Magos soy un chico español

que os escribe desde el patio del colegio.

Este año os quiero pedir un ordenador personal,

a ser posible como el de papá.

También os quiero pedir un vídeo juego en color.

No os olvidéis de nada.

Lo quiero todo.

Lo quiero todo para poder ser feliz”

Seguir leyendo

Las gafas con las que percibimos el mundo

¿Por qué algunas personas ven el mundo de color de rosa mientras que otras lo hacen en tonalidades de grises (aún sin padecer una lesión cerebral que lo justifique)? ¿Por qué hay quienes disfrutan de un día de lluvia y lo acogen como una maravillosa oportunidad para llevar a cabo planes en casa con los amigos, mientras que para otros es una tragedia que les impide hacer la colada de la semana? Seguir leyendo

Todos contra las barreras arquitectónicas

La Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe) reivindicará hoy la puesta en marcha de medidas urgentes para eliminar las barreras arquitectónicas a las que día a día deben hacer frente las personas con movilidad reducida. Esta iniciativa nace impulsada por Cocemfe y sus entidades miembros, bajo el lema ‘#AccesibilidadYA: Por la Accesibilidad de productos, entornos, bienes y servicios’. Seguir leyendo

Otro punto de vista [CUENTO SUFÍ]

Dibujo: Jesús Sorroche Cuerva

Un hombre vio a un pastor subido en una escalera. Llevaba una cabra en brazos y le daba de comer de las tiernas ramas de un árbol. Cada poco tiempo y cuando el alimento se agotaba, se bajaba de la escalera y buscaba una nueva posición para que su animal pudiera seguir tomando jugosas hojas verdes.
– ¿Qué haces ahí subido a la escalera? – le preguntó el caminante.
– ¿No lo ves? – contestó el pastor -. Doy de comer a la cabra.
– ¿Y cómo se te ocurre hacer eso? – volvió a preguntar de nuevo -. ¿No ves que así vas a tardar muchísimo tiempo?
– ¿Y qué prisa tiene la cabra?”

(Cuento tradicional de Oriente)

Vivimos en el mundo del reloj convertidos en el Conejo Blanco de Alicia en El País de las Maravillas. Siempre deprisa, siempre corriendo y siempre con la sensación atragantada de que llegamos tarde a todos sitios. Ese exceso de actividad lo transmitimos a todos aquellos que nos rodean: a los viandantes con los que nos cruzamos por la calle, a nuestros compañeros de trabajo, a nuestra pareja y amigos… y a nuestros hijos. Cada vez son más frecuentes los casos de niños que son presa de un ritmo frenético de actividad que los lleva de cabeza al paddle, al fútbol, al baile o a las clases particulares de algún instrumento o de algún idioma. No descansan, el tiempo libre para jugar o practicar alguna afición como leer, dibujar o hablar con los amigos escasea, se muestran irritables e irascibles, nerviosos e incluso duermen mal por las noches…

Quizá no es necesario forzar tanto, sobre todo si tenemos en cuenta que nosotros, los adultos, nos quejamos continuamente de esa falta de tiempo para, simplemente, no hacer nada. ¿Y si nos plateamos tener menos ocupaciones y disfrutarlas plenamente y, como dice el cuento, dar de comer a la cabra sin prisa alguna? ¿Y si nos esforzamos en reservar un pequeño espacio –tanto para nosotros como para ellos– para reposar, contemplar, disfrutar de una observación consciente de nosotros y del mundo?

Te animamos a empezar probando un paseo por el campo con tus hijos, disfrutando de todo lo que la naturaleza tiene que ofrecernos.